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| Donald Trump y Hillary Clinton Debate presidencial Lunes 26 de Septiembre 2016 |
Por Joseluis Gtz. Longoria
Ningún debate presidencial en Estados Unidos
había desatado tanto entusiasmo desde aquella cita histórica entre Richard
Nixon y John F. Kennedy durante las elecciones de 1960 hasta el día de hoy.
Aquel debate fue histórico porque fue el primero en ser televisado y benefició
al candidato Kennedy por su figura juvenil, quien además supo cómo manejar la
cámara. Nixon, por su parte, no dejaba de sudar hasta casi inundar su saco.
Ellos fueron los primeros en lanzar la piedra, hoy sus sucesores son Donald
Trump y Hillary Clinton, quienes ayer encabezaron el primero de tres debates
que los llevará a la victoria o al hundimiento sin remedio. ¿Por qué la
importancia del debate?
Ningún otro candidato de la historia reciente
de Estados Unidos se había expresado tan abiertamente (de manera negativa) como
el republicano Trump. Su irreverencia ante cualquier figura de autoridad lo
vuelve un producto atractivo para las generaciones millennial y para aquellos que comparten en su interior la visión
de un país debilitado por su diversidad racial. Mientras tanto, en el otro lado
del telón, tenemos a una candidata sumamente capacitada, experta en debatir,
quien ha tenido más de dos décadas de experiencia política en Washington. Ahora
reunamos a ambos personajes durante 90 minutos sin interrupción solamente con
el objetivo de verlos “dialogar”: no sorprendería que en los próximos días el
evento del pasado lunes 26 de septiembre se convierta en el debate más visto de
la historia.
Puedo decir con seguridad que observé el
evento acompañado de un grupo de amigos y amigas en la Facultad de Economía.
¿Por qué un grupo de 7 estudiantes de dicha institución se reunirían a observar
el desenlace de tal evento político? El interés principal era escuchar las
propuestas en materia económica y, de paso, saber si el peso llegaría a 21
unidades por dólar en dado caso del triunfo de Trump.
Afortunadamente esto no ocurrió. Mi opinión no está basada en lo que dijeron otros espectadores, puedo afirmar lo que vi y lo que presencié fue a una candidata Clinton renovada, más fuerte y esto se traduce en buenas noticias para nuestro país.
Afortunadamente esto no ocurrió. Mi opinión no está basada en lo que dijeron otros espectadores, puedo afirmar lo que vi y lo que presencié fue a una candidata Clinton renovada, más fuerte y esto se traduce en buenas noticias para nuestro país.
La importancia del debate para México
radicaba en su efecto indirecto sobre el comportamiento del tipo de cambio de
nuestra moneda. Según analistas de El
Economista, el tipo de cambio tenía una alta probabilidad de fluctuar hasta
los 21 por dólar en dado caso de un triunfo de Donald Trump. Sin embargo, esto
no ocurrió debido a que los mercados -en espera todavía de asumir toda la
información disponible- tomaron a Hillary Clinton como la ganadora del debate.
No es necesario observar ninguna encuesta para determinar esto. El
comportamiento del peso-dólar es suficiente: nuestra moneda se apreció 1.9%
durante el debate alcanzando un nivel de 19.51 por moneda extranjera.
Ahora, por si quedaba alguna duda, CNN (con
cierto sesgo hacía el partido demócrata, hay que admitirlo) dio por ganadora a
la candidata con un 62% vs 27% para el republicano. ¿Qué hizo que Clinton
triunfara?
Si usted no vio el debate, durante los
primeros minutos el candidato republicano tenía ganada la contienda: su
participación era irreverente e interrumpía de manera radical a su oponente. Este
comportamiento en un principio gana adeptos, debido a lo rentable del “show” y
fue precisamente durante esos instantes que el peso se vio en sus peores
niveles. Pero, conforme el debate continuó, al llegar los temas sobre
relaciones internacionales, seguridad nacional, política interna y diplomacia,
la candidata Clinton dio un vistazo de su experiencia y no se dejó seducir por
el comportamiento infantil de su oponente. Si él le mandaba un ataque, ella lo
respondía sin mayor importancia e inmediatamente seguía explicando propuestas
junto a sus contribuciones en la materia.
Fue entonces cuando los mercados reaccionaron y el peso comenzó a
apreciarse. Trump, mientras tanto, no fue capaz de dejar su retórica y esto le
provocaba dar vueltas en círculos. Como ejemplo tenemos la negación de su
propio discurso, aquel tweet del calentamiento global que juró jamás haber
escrito y los usuarios desmintieron al instante en las redes sociales.
Al final del debate, todo resulto de la
manera favorable para la economía mexicana, (al menos de momento, otorgando un
simple respiro) y para la candidata, quien “escuchó” nuestras palabras de la
columna anterior pidiéndole una recuperación de su imagen, que al parecer se
cumplió.
Así, mientras John F. Kennedy y Richard Nixon
se encontraban en virtual empate y un debate favoreció al joven demócrata, lo
que lo despegó de su rival catapultándolo a la presidencia, parece que hoy la
historia nos ha dado un nuevo capricho entre los candidatos actuales, también
empatados. Quizás esto signifique el repute de Clinton de una vez por todas y
el relajamiento de los mercados financieros quienes ya suplican por un poco de
certidumbre en un mundo cada día más volátil.
***
Inmediatamente la política mexicana reacciona
ante los hechos del vecino del norte. Parece que para el 2018 ya tenemos
nuestra propia versión del debate de anoche: AMLO vs Margarita Zavala, ¿quién
lo dice? La vox populi… De pronto un escalofrío recorre la espalda del lector,
no es broma.

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