Por Denisse Mendoza
La realidad es que, más allá de las cuantías
en el recorte (que pueden ser maquilladas), considero que es de más utilidad para
el análisis el conocer los componentes que se vieron más afectados por el
recorte. Para entender mejor lo anterior es necesario conocer los dos
principales componentes del gasto gubernamental, que son gasto corriente y
gasto en capital (inversión pública productiva). El gasto corriente comprende
el destinado al mantenimiento y operación de los servicios que presta el país,
por ejemplo: servicios como educación y salud, subsidios, transferencias,
sueldos, etcétera. El gasto en capital comprende, como su nombre lo dice, la
inversión pública como la compra de maquinaria, la construcción de carreteras,
escuelas, hospitales, la producción de energéticos, entre otros.
En el presupuesto para el 2017, el componente
del gasto que se vio más afectado fue el gasto en capital que se redujo en un
26% respecto al del año anterior (204,700 mdp). En cambio, la
reducción en gasto corriente fue considerablemente menor, disminuyendo en 112,400
mdp. Estos datos, aunados al nivel de deuda pública (que llegará a alcanzar el 52%
del PIB a final de este año) pintan un panorama muy preocupante. ¿Por qué
preocupante? En primer lugar, la reducción de un presupuesto en el gasto no es
buena por sí sola, el gobierno puede hablar de un presupuesto y al final del
periodo ni siquiera cumplirlo, sobre todo el año que viene que se encuentra
cercano a la próxima elección presidencial, cuando el gobierno suele gastar más
de lo habitual. La realidad es que en este gobierno poco disciplinado
financieramente existe una diferencia muy importante entre el gasto
presupuestal que elaboran y el gasto público efectivo.
En
segundo lugar, hablar de que la disminución en gasto de capital fue mayor que
la disminución en gasto corriente va en contra de lo que debería de hacer un
gobierno federal, porque si bien un menor gasto público da una buena imagen
ante el panorama internacional, el reducir la inversión en infraestructura (que
ya se encuentra en su menor nivel como porcentaje del PIB desde 1939) reduce el
posible crecimiento económico del país a largo plazo y limita la posibilidad de
acabar con la deuda actual.
Después
de haber recortado el presupuesto varias veces en los últimos años, parece ser
que estas constantes reducciones no han tenido los efectos esperados en el corto
plazo ya que tanto el crecimiento económico, así como la deuda pública siguen
en niveles muy lejanos de los esperados.
El
reto para el gobierno actual y futuro debería ser comprender la importancia de
la inversión como una de las vías más importantes para un crecimiento económico
sostenido, porque al contrario de lo que piensa la administración actual, no
debería tratarse solo de gastar menos, sino de hacerlo de una manera eficaz,
eficiente y que vaya en el sendero correcto.



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