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| Memorial al 9/11 New York, Ground Zero |
Por Joseluis Gtz. Longoria
La mañana era tranquila, George W. Bush leía
y escuchaba cuentos en una escuela primaria de Florida. De pronto, el jefe de empleados
de la Casa Blanca se acerca sigilosamente y le susurra al odio: “Mr. President, America is under attack”.
Su tez permanece tranquila, procura no mostrarse desalineado. (Tiempo después
en una entrevista mencionaría que por respeto a los niños y a los padres de
familia no podía dejarse caer bajo los efectos del pánico.) Termina el evento y
rápidamente en rueda de prensa informa de los hechos: el World Trade Center ha
sido víctima de un atentado terrorista. Eran las 9:30 de la mañana del 11 de
septiembre de 2001, el día en el que la desconfianza comenzó a dominar la vida
del mundo.
Ayer se cumplieron 15 años tras el fatídico
atentado que tomó por sorpresa al planeta. Todos
los años comparto la reflexión del evento que cambió la política internacional
desde todos sus frentes. El 9/11 fue el punto de inflexión en cuanto al modo de
vivir de millones de personas pero, a pesar de la gravedad del evento, siempre
recibo críticas sobre el porqué comparto y le doy mucha importancia al atentado.
Dicen que no vale la pena recordarlo ya que su argumento principal es que
"todo fue una conspiración". Otros insisten con un simplismo
abrumador y una frialdad posmoderna hacia la vida en que los autores fueron los terroristas
y no tiene menor importancia recordarlo. Sin embargo, a mí en lo personal NO me
importa NI quiero saber quién lo hizo, de nada sirve. Eso no modifica mi
análisis de la situación, eso no altera la evidente falta de hermandad entre
los pueblos ni la pérdida irreparable de la vida de más de 3 mil personas. Lo
que me interesa es mostrar cómo la persona que lo hizo se olvidó del significado
de humanidad, de fraternidad y solidaridad al destruir la esperanza de miles de
individuos.
Una década y media es poco para sanar todas
las heridas que abrió aquel evento de terror y sus consecuencias no terminan de
afectarnos. ¿Por qué? Porque no solo atacaron a Estados Unidos, atacaron la
forma de vivir del mundo entero.
A partir de ese
momento comenzó el cambio en la configuración de la sociedad estadounidense: se
volvieron desconfiados, adictos al dios de la venganza. De pronto su burbuja de
seguridad explotó y se sintieron, por primera vez en mucho tiempo, vulnerables.
El ataque cumplió su objetivo y el terror invadió a cada uno de los hogares
americanos, la sociedad dejó de sentirse segura: despertaron al gigante dormido
y, desafortunadamente, sigue en vela
hasta el día de hoy. El gobierno americano no tardó en dar rienda suelta a los
sentimientos de la sociedad y en pleno éxtasis del evento, todavía sin analizar
los hechos con detalle, declararon ciegamente una guerra de venganza contra
Afganistán y el terrorismo mundial.
Junto a ello impusieron medidas cautelares extremas en las fronteras y
los vuelos. Impusieron alianzas con países para vigilar movimientos terroristas
en territorios ajenos. La privacidad del mundo dejó de existir.
Existe una frontera
psicológica entre el antes y después de 2001. El mundo no ha vuelto a ser el
mismo desde entonces. Es por ello que debemos tener en cuenta el 9/11, debemos
tratar de recordar cómo era el mundo antes de que la sociedad viviera en un estado
enfermizo y latente de alarma. No estoy idealizando el tiempo anterior a 2001,
todas las épocas tienen sus detalles oscuros, pero debemos tratar de recordar
cómo la privacidad era todavía un derecho inalterable y ser miembro de la
religión musulmana, del Islam, no significaba ser terrorista ni sufrir
discriminación por tus creencias. Hoy en día el concepto del Islam ha caído en
un desagradable cliché que permanecerá inalterable en la memoria colectiva del
mundo tachando de criminales a millones de personas inocentes, víctimas de la
propaganda.
No se puede
comprender a la sociedad actual sin voltear a ver los hechos ocurridos aquel
fatídico día. A quince años de sucedido, las repercusiones del martes 11 de
septiembre de 2001 siguen latentes en la memoria de muchas personas, pues, es difícil
olvidar los traumas de lo que la falta de humanidad puede lograr.
Cada aniversario de
este trágico acontecimiento debe ser visto como una oportunidad de recordar al
mundo que no se trata de culpar a un pueblo, gobierno o grupo armado por lo
sucedido, independientemente de si realmente tuvieron algo que ver o no, ese no
es el punto, porque, no importa quiénes hayan sido los autores de semejante
tragedia, al fin de cuentas eran personas, eran seres humanos y olvidaron el
significado de la palabra humanidad al traicionar a sus hermanos. Esa, y no el
atentado en sí, es la verdadera tragedia que no se puede olvidar.
***
Actualización de
política: Como usted sabrá, la semana pasada renunció a su puesto el ahora
ex-Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien, según investigaciones de
diversos medios, fue el autor del error histórico de invitar a Donald Trump a
Los Pinos. Por su parte el candidato republicano
se adjudicó el hecho y presumió lo bien que le fue en México e insinuó que el
presidente Peña mintió al afirmar que jamás hablaron sobre quién pagaría el
muro. Asimismo ha subido en las
encuestas y en algunas ya supera a su rival Hillary Clinton, cortesía de
nuestro presidente. Parece que todo marcha de maravilla para el candidato
republicano. El análisis hecho la semana pasada en la presente columna demostró (hasta ahora) ser acertado.

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