Por Denisse Mendoza
El primero de septiembre, un día después de
la vergüenza nacional a la que nos sometió Enrique Peña Nieto al recibir en Los
Pinos al candidato republicano y enemigo de los mexicanos, Donald Trump, fue
presentado como cada año, el cuarto informe de gobierno que comenzó con un
breve vídeo en el que el presidente, basándose en el spot de “las cosas buenas
no se cuentan, pero cuentan mucho”, expone los mejores resultados que ha logrado
su administración en los 4 años que van del sexenio.
Con la popularidad del presidente por los
suelos, la expectativa del informe no era la mejor y la presentación del mismo
resultó ser tal como se esperaba: un discurso tradicional, cuadrado y
superficial en el que no se habló de nada sobresaliente y, por supuesto, se
omitieron asuntos de gravedad. El primer logro que presume Enrique Peña Nieto
en su vídeo es la reforma educativa, que afirma es el “más relevante por
tratarse de nuestros niños y jóvenes” y a la cual considera necesaria porque la
implementación de esta elimina la práctica de vender o heredar plazas de
maestros, lo cual es cierto así como también lo es el efecto que ha tenido la
misma sobre la CTM, cuyos integrantes han llamado al paro de las clases en las
escuelas de Oaxaca y de Chiapas, con el claro objetivo de echar atrás la
reforma. Naturalmente, el presidente no menciona lo anterior ni el hecho de que
su gobierno se ha cerrado al diálogo con los sindicatos y como causa de eso
miles de niños siguen sin asistir a clases.
Otro éxito para Peña Nieto es la implementación
del programa Prospera, que en realidad es un programa que ya existía bajo el
nombre de Oportunidades y cuyo objetivo ha sido el reducir la pobreza pero los
resultados no han sido eficaces, considerando que hoy en día siguen existiendo
55.3 millones de pobres en el país (dato del CONEVAL en el 2015). Además
de esto, el video transcurre dando algunos datos que, a mi parecer, no son de
mucha relevancia.
Algo que es imprescindible en un informe presidencial es hablar de resultados económicos y, sin embargo, no se
habló mucho de esto, algo entendible ya que hay muy pocas cosas buenas que
decir al respecto. Una de las pocas cosas que EPN menciona sobre economía es la
baja en las tarifas de servicios telefónicos y de internet como resultado de la
aprobación de la reforma de telecomunicaciones, y esto no se puede negar o criticar,
pero sí podemos preguntarnos ¿y qué hay de lo demás? ¿qué hay del crecimiento
del PIB que ha tenido que ser revisado constantemente a la baja, ¿qué hay de
los grandes números de pobreza? ¿Qué hay de la deuda pública que casi alcanza
el 50% del PIB? Nadie parece aceptar que tales problemáticas existen ni mucho
menos dar una respuesta a las mismas.
Posterior al monólogo inicial del presidente,
el formato del cuarto informe de gobierno presenta una novedad interesante,
este año además del corto vídeo y de la entrega del informe a los diputados y
senadores, Enrique Peña Nieto decidió llevar a cabo una ejercicio democrático
que incluía el diálogo con jóvenes mexicanos, cuya intención era que estos le
hicieran preguntas y que el presidente las respondiera con honestidad. Sin
embargo, el resultado de este ejercicio no fue el esperado: la mayoría de las
preguntas que le fueron hechas a Enrique Peña parecían ensayadas como si de una
obra se tratara, y no es exageración.
El primer joven que tuvo la oportunidad de
preguntar, elegido al azar aparentemente, agradeció al presidente por su
desempeño y mencionó que “gracias a él tenemos todo lo que tenemos ahora”,
después pasó a su pregunta: “¿cuáles son las mejoras que ha tenido nuestro país
durante su mandato?”, esta me impresionó en gran medida porque me resulta
difícil creer que, considerando la baja popularidad de EPN en las encuestas y
después del evento vergonzoso con Trump un día anterior, el sentir general de
los jóvenes hacia él y hacia su administración sea tan positivo como el de ese
joven. Después de esto, el “diálogo” continuó siendo frío, casi nadie llegó a
hacer preguntas críticas ni mucho menos complejas y aunque la intención parecía
que iba encausada hacia una participación de la ciudadanía el resultado dejó
mucho que desear.
Ni Peña Nieto ni mucho menos sus asesores
parecen aprender de sus errores, este cuarto informe era una oportunidad enorme
para que la popularidad del presidente repuntara y la novedad de este ejercicio parecía una buena idea. El redimirse ante el 80% de la
ciudadanía que desaprueba el actual mandato así como mostrar algo de
autocrítica e iniciativa de mejorar las cosas habría tenido un efecto notable
en la opinión de los mexicanos. Sin embargo, lo que hizo tanto el gabinete como
el presidente fue tratar de vender la idea de que ellos están trabajando por
para nosotros, aunque sus decisiones no sean populares. Para el gobierno, aparentemente, la mayoría de
nosotros somos incapaces de percibir las “cosas buenas”. La experiencia de
estos 4 años, este cuarto informe de gobierno y los recientes errores
monumentales de Peña Nieto lo único que nos dejan es una frustración inmensa,
porque parece que este gobierno “no
entiende que no entiende” y se encuentra muy lejos de hacerlo.

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