![]() |
| Hillary Clinton |
Por Joseluis Gtz. Longoria
Cuando la semana pasada se habló sobre la lucha de las agendas globalizadora y nacionalista me fue inevitable comparar en secreto a los candidatos demócrata y republicano a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump, como los máximos exponentes de ambos principios. En un comienzo todo parece blanco y negro, bueno y malo, si prestamos atención a los detalles, es en ese momento cuando se descubren los tonos ocultos. Es por ello que pongo en duda sus agendas electorales. La verdad duele, pero parece ser que ambos son exponentes de la agenda nacionalista. Uno por convicción (Trump), otra por imitación (Clinton).
Antes de analizar los motivos es necesario preguntar:
¿quiénes son estos personajes? Podremos haber escuchado mucho de ellos en las
noticias, sin embargo, ¿qué sabemos realmente sobre los próximos líderes del
“Mundo Libre”?
Hillary Clinton es la esposa del expresidente
Bill Clinton (1993-2001), uno de los presidentes más populares de Estados
Unidos a pesar de sus múltiples escándalos de índole marital. En los primeros
semestres de la Facultad de Economía, su nombre es puesto de ejemplo dentro de la
macroeconomía por la correcta (o, mejor dicho, ¿afortunada?) combinación de sus
políticas fiscales y las políticas monetarias de la FED. La candidata demócrata
fue Primera Dama durante ocho años, Senadora por Nueva York desde el 2000 hasta
el 2008. Cuando se postuló a la presidencia por primera vez perdió ante un
jovencito desconocido llamado Barack Obama. Fue Secretaria de Estado hasta su
renuncia en 2013.
Donald Trump es hijo de un empresario
inmobiliario, Fred Trump, y nieto de Friedrich Drumpf (apellido original), un inmigrante alemán que
obtuvo la nacionalidad americana en 1892. No existe mayor ironía. Su principal
giro es el sector inmobiliario. Según la revista Forbes, su fortuna ronda los 4
mil millones de dólares. Parece mucho, pero si lo comparamos con Bill Gates o
Carlos Slim la impresión desaparece: los dos personajes tienen más de 50 mil
millones en sus carteras.
Cuando comenzaron las campañas presidenciales
en Estados Unidos, el mundo contuvo el aliento. ¿Por qué es tan importante?, simple:
el ganador será el máximo dirigente del planeta y manejará la agenda del mundo
libre, de allí el motivo de prestar atención a sus movimientos. En un comienzo
puede ser fácil pensar qué agenda, nacionalista o globalizadora, maneja cada
candidato. Sin embargo, nada está más lejos de la verdad.
Identificar al tipo nacionalista no fue
difícil. Trump se desenmascaró al prometer eliminar tratados de libre comercio
y alianzas como el TLCAN si no se renegociaban a su favor. Es un amante del
proteccionismo: impuestos a las empresas extranjeras, las empresas nacionales
fuera del país, las importaciones, los mexicanos y los musulmanes. Es increíble
como un supuesto empresario habla de destruir el comercio internacional con
tanto empeño. ¡El mundo al revés!
Entonces, por lógica, la candidata Clinton
debe ser la exponente de la globalización. La “salvadora” del orden
internacional y del comercio. ¡Otro Clinton que maneje la economía como en los
90 por favor! Pero la terrible verdad es diferente, la evidencia indica que
Hillary Clinton es tan exponente del proteccionismo económico como su rival.
¡Sí! Durante las últimas 3 semanas Hillary ha virado su pensamiento económico: primero
prometió que renegociará el TLCAN debido a que no beneficia a Estados Unidos (curiosamente
su esposo fue quién lo firmó con México) y después afirmó estar en contra del
TPP (Tratado Trans-Pacífico). ¿Qué explicación existe para su cambio de
actitud? Propongo dos formas de ver la situación, dos hipótesis.
La primera es poco favorable para ella, dicta
que su verdadera agenda es el proteccionismo y no le interesa el comercio
internacional en absoluto. Al principio dice ser liberal y al día siguiente se
convierte en nacionalista económica. Sin embargo, esa es la verdadera Clinton
que se ha desenmascarado ante nuestros ojos. Nunca perteneció a la agenda
globalizadora. La segunda hipótesis
pienso es la más realista: Clinton está siguiendo el juego de Donald Trump, a
quien el ciudadano promedio ama por su irreverente nacionalismo. ¿Por qué no
adoptar algunas de sus posturas ahora para ganar? Es el rostro más estratégico
y astuto de la candidata, pero también el juego más sucio de los políticos. Al
hacerlo promete nacionalismo y obtiene un triunfo por la globalización. Desde
el punto de vista económico no hay problema, pero desde el punto de vista moral
nos enfrentamos a perspectivas sin duda complicadas. “La donna è mobile”
Es difícil saber cuál es la verdadera Hillary
Clinton. A veces, cuando examinamos dos posturas, tendemos a creer que ambas se
contraponen completamente, pero cuando observamos con mayor detalle,
encontramos sorpresas en lugares inesperados, similitudes entre los más feroces
rivales. No estoy seguro de quien vaya a ganar, pero, si es Hillary Clinton,
habrá que lidiar con una de sus “dos” agendas y por el bien del comercio
mundial y México, realmente espero que sea la segunda.
Entonces… ¿Trump?, ¿Clinton? ¡Mejor traigan
de nuevo a Kennedy!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario