Por Denisse Mendoza
Estamos a menos de dos años de decidir en manos
de quién dejaremos el futuro de México, sí, las elecciones presidenciales se
ven cada vez más cerca y esto puede ser una oportunidad muy valiosa si nosotros
como ciudadanos logramos encausarla. Aunque ningún partido ha pronunciado
oficialmente sus candidaturas, ya se pueden ver fácilmente los prospectos de
cada uno: por el PAN Margarita Zavala, Miguel Ángel Osorio Chong por el PRI,
Andrés Manuel López Obrador por Morena, Miguel Ángel Mancera por el PRD y Jaime
Rodríguez Calderón como independiente (hasta el momento).
La semana pasada, Reforma difundió una encuesta
sobre la intención de voto de los ciudadanos para las elecciones presidenciales
del 2018, incluyendo a los prospectos ya mencionados. Los resultados de la
misma fueron contundentes: Margarita Zavala se posicionó en primer lugar con un
27% de posibles votantes a su favor, por encima de Osorio Chong que obtuvo un
22% y de López Obrador con un 18%. El resto de los encuestados se divide entre
los otros candidatos, que se ubican porcentualmente alejados de los tres candidatos
principales. Además de publicar estos datos, el periódico ya mencionado hace
una comparación entre los resultados de esta reciente encuesta con otra
exactamente igual realizada el pasado abril y hay algo que se observa a simple
vista: la intención de voto por Miguel Ángel Osorio Chong ha disminuido (3
puntos porcentuales) y, por el contrario, la intención de voto para Margarita
Zavala ha tenido un auge (aumentó 7 puntos porcentuales).
El reciente declive del PRI a mí parecer está
relacionado con otra encuesta que también publicó Reforma recientemente sobre
el nivel de aprobación del actual presidente Enrique Peña Nieto, quien, según
datos del periódico, tiene un 23% de aprobación a nivel nacional contra un 74%
de desaprobación. En cuanto a su calificación, los mexicanos le otorgan un 3.2
(¡en una escala del 1 al 10!), alcanzando un nivel histórico desde el 2013,
cuando la calificación más baja había sido 6.3. Y para no hablar solo de
encuestas, sino también de hechos reales, el año pasado el PRI perdió gran
parte de sus candidaturas en todo el país, incluyendo una de sus gubernaturas
más importantes (Nuevo León) y llegó a perder el poder que había mantenido
durante casi nueve décadas en la mayoría de los estados del país, dejando que
el PAN y el PRD gobiernen a poco más del 50% de los mexicanos.
Los datos arrojados por las elecciones del 2015
y por las recientes encuestas reflejan que existe una tendencia en el país de
repudio o rencor hacia el PRI y todo lo que este partido representa, es un
sentimiento generalizado que ha venido tomando cada vez más presencia y tenemos
pruebas de esto: el año pasado los neoloneses ejercimos el “voto de castigo” para
sacar al partido del Palacio de Gobierno, brindándole una oportunidad al mismo
de replantearse la manera en la que ha venido haciendo las cosas tanto local como
nacionalmente. Sin embargo, en el Congreso de Nuevo León y en la Cámara de Diputados
y de Senadores del país sigue existiendo una clara mayoría de “representantes” priistas,
lo cual es un gran problema. Un ejemplo de ello es la Ley 3 de 3 que obligaba a
los funcionarios públicos a presentar su declaración de patrimonio, fiscal y de
intereses con el fin de evitar conflictos (como el de Peña Nieto con la
constructora Higa), la cual hace unos meses fue llevada al Senado para ser rechazada
por 52 senadores priistas que decidieron ignorar la iniciativa que miles de
ciudadanos mexicanos firmaron.
Por lo antes mencionado, debemos tener en claro
que el sacar al PRI de Los Pinos no es el único objetivo a perseguir, ya no es
suficiente elegir al candidato “menos peor” como hemos visto en otras
elecciones. Es importante que analicemos a nuestros posibles candidatos, que
hasta ahora los que parecen tener más oportunidad son Margarita Zavala y el ya
bien conocido Andrés Manuel, y les exijamos a estos lo que como ciudadanos
merecemos. Eso, y entender que tenemos una crisis de representación por tomar a
la ligera la elección de nuestros diputados y senadores. Lograr un congreso más
plural e incluyente para el 2018 es, a mí parecer, la vía principal para crecer
como democracia. El futuro está cerca y es nuestra responsabilidad entender por
quién estamos votando, para qué estamos votando y las consecuencias que tendrá
nuestro voto, esto para lograr un voto eficiente que a largo plazo se verá
reflejado en mayores beneficios para todos los mexicanos.

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