martes, 16 de agosto de 2016

Hacia 2018


Por Denisse Mendoza

Estamos a menos de dos años de decidir en manos de quién dejaremos el futuro de México, sí, las elecciones presidenciales se ven cada vez más cerca y esto puede ser una oportunidad muy valiosa si nosotros como ciudadanos logramos encausarla. Aunque ningún partido ha pronunciado oficialmente sus candidaturas, ya se pueden ver fácilmente los prospectos de cada uno: por el PAN Margarita Zavala, Miguel Ángel Osorio Chong por el PRI, Andrés Manuel López Obrador por Morena, Miguel Ángel Mancera por el PRD y Jaime Rodríguez Calderón como independiente (hasta el momento).

La semana pasada, Reforma difundió una encuesta sobre la intención de voto de los ciudadanos para las elecciones presidenciales del 2018, incluyendo a los prospectos ya mencionados. Los resultados de la misma fueron contundentes: Margarita Zavala se posicionó en primer lugar con un 27% de posibles votantes a su favor, por encima de Osorio Chong que obtuvo un 22% y de López Obrador con un 18%. El resto de los encuestados se divide entre los otros candidatos, que se ubican porcentualmente alejados de los tres candidatos principales. Además de publicar estos datos, el periódico ya mencionado hace una comparación entre los resultados de esta reciente encuesta con otra exactamente igual realizada el pasado abril y hay algo que se observa a simple vista: la intención de voto por Miguel Ángel Osorio Chong ha disminuido (3 puntos porcentuales) y, por el contrario, la intención de voto para Margarita Zavala ha tenido un auge (aumentó 7 puntos porcentuales).


El reciente declive del PRI a mí parecer está relacionado con otra encuesta que también publicó Reforma recientemente sobre el nivel de aprobación del actual presidente Enrique Peña Nieto, quien, según datos del periódico, tiene un 23% de aprobación a nivel nacional contra un 74% de desaprobación. En cuanto a su calificación, los mexicanos le otorgan un 3.2 (¡en una escala del 1 al 10!), alcanzando un nivel histórico desde el 2013, cuando la calificación más baja había sido 6.3. Y para no hablar solo de encuestas, sino también de hechos reales, el año pasado el PRI perdió gran parte de sus candidaturas en todo el país, incluyendo una de sus gubernaturas más importantes (Nuevo León) y llegó a perder el poder que había mantenido durante casi nueve décadas en la mayoría de los estados del país, dejando que el PAN y el PRD gobiernen a poco más del 50% de los mexicanos.

Los datos arrojados por las elecciones del 2015 y por las recientes encuestas reflejan que existe una tendencia en el país de repudio o rencor hacia el PRI y todo lo que este partido representa, es un sentimiento generalizado que ha venido tomando cada vez más presencia y tenemos pruebas de esto: el año pasado los neoloneses ejercimos el “voto de castigo” para sacar al partido del Palacio de Gobierno, brindándole una oportunidad al mismo de replantearse la manera en la que ha venido haciendo las cosas tanto local como nacionalmente. Sin embargo, en el Congreso de Nuevo León y en la Cámara de Diputados y de Senadores del país sigue existiendo una clara mayoría de “representantes” priistas, lo cual es un gran problema. Un ejemplo de ello es la Ley 3 de 3 que obligaba a los funcionarios públicos a presentar su declaración de patrimonio, fiscal y de intereses con el fin de evitar conflictos (como el de Peña Nieto con la constructora Higa), la cual hace unos meses fue llevada al Senado para ser rechazada por 52 senadores priistas que decidieron ignorar la iniciativa que miles de ciudadanos mexicanos firmaron.


Por lo antes mencionado, debemos tener en claro que el sacar al PRI de Los Pinos no es el único objetivo a perseguir, ya no es suficiente elegir al candidato “menos peor” como hemos visto en otras elecciones. Es importante que analicemos a nuestros posibles candidatos, que hasta ahora los que parecen tener más oportunidad son Margarita Zavala y el ya bien conocido Andrés Manuel, y les exijamos a estos lo que como ciudadanos merecemos. Eso, y entender que tenemos una crisis de representación por tomar a la ligera la elección de nuestros diputados y senadores. Lograr un congreso más plural e incluyente para el 2018 es, a mí parecer, la vía principal para crecer como democracia. El futuro está cerca y es nuestra responsabilidad entender por quién estamos votando, para qué estamos votando y las consecuencias que tendrá nuestro voto, esto para lograr un voto eficiente que a largo plazo se verá reflejado en mayores beneficios para todos los mexicanos.

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