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| Vista desde el Obispado Monterrey, Nuevo León |
Por Alan Armendáriz Olivo
Alguna vez José Vasconcelos dijo que “la cultura
termina donde empieza la carne asada”. Pues no, compadre, le dice Sada. Y es
que el norte, ese territorio mítico de México que pareciera que sólo los
norteños conocemos en toda su caleidoscopía, es mejor retratado por un norteño.
Esto es lo que hace Daniel Sada (Mexicali, México; 1953) en Ese modo que colma (Anagrama; Barcelona,
2010). Once cuentos es todo lo que necesita para retratar, con ese característico
barroco desértico, tantas facetas de nuestro querido norte, haciendo uso de
escenografías cinceladas en el imaginario colectivo norteño: la vivienda rural,
el fraccionamiento plagado de casas iguales, la hacienda, la cantina.
Después: el sino. Las moiras a la carga. Personajes que ven su vida cambiada para bien o para mal gracias a una casualidad o un evento inesperado. Así, por ejemplo, es que en “Un cúmulo de preocupaciones que se transforma” Dámaso se queda sin esposa y sin suegra, por andarse yendo a meditar a la intemperie, donde un extraño fenómeno meteorológico parece cambiarlo de realidad. Así también Moisés, en “El diablo en una botella”, se aleja por fin de los juegos de azar a causa de una diabólica aparición. Y así es como sucede en “Un camino siempre recto”, donde el asesinato de Cid Chavira a manos de su patrón Arturo se lleva de encuentro vidas y destinos; sobre todo el de Manuela, su esposa, y los de sus hijos, quienes se ven obligados a escapar hacia el sur por una infinita carretera “dudosos, mudos, inquietos, cejijuntos, lívidos, ominosos…”.
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Ese modo que colma, Daniel Sada (2010). Editorial Anagrama |
Leer a Sada es en definitiva un ejercicio demandante, empero satisfactorio. En todos sus cuentos hace alarde de un amplísimo vocabulario, de un estilo barroco salpicado de regionalismos y de habla popular que hacen del mismo lenguaje un elemento esencial en la literatura “sadiana”, prácticamente un personaje más, y que es partícipe de todos sus cuentos. Pero a fin de cuentas, nos queda el hombre (y la mujer) común en situaciones poco frecuentes. Y un tema que circunscribe a todos los relatos en este libro: el azar. Nos presenta Sada ese destino cambiante, ese vuelco en la realidad que de un momento a otro nos sacude bruscamente y nos deja a la deriva, como a Moisés, “a esperar que algo insólito ocurriera. ¿O no? ¿O cómo? ¿O qué?”.


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