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| German Sanchez |
Por Denisse Mendoza
Como es bien sabido, el pasado fin de semana
terminaron los Juegos Olímpicos de Río 2016. Para México, que solo sumaba dos
medallas (una de bronce para el boxeador Misael Rodríguez y otra de plata para
la marchista Guadalupe González) hasta antes del sábado, el final significó
mucho gracias a que tres atletas mexicanos lograron sumar más reconocimientos para
el país en distintas disciplinas: medalla
de plata para el clavadista Germán Sánchez, plata también para María del Rosario
en taekwondo, y bronce para Ismael Hernández en pentatlón moderno.
Sin embargo, a pesar de las sorpresas
positivas que nos dieron hace unos días los deportistas ya mencionados, el
sabor de boca que a todos los mexicanos nos deja el desempeño del país en las
olimpiadas no es bueno. De un total de 122 deportistas mexicanos que se esforzaron
por conseguir un lugar en Río y llegar a competir, solo 5 lograron el
reconocimiento que buscaban y esto causó inconformidad, así como una sensación
de que los logros no fueron suficientes. Y no me malinterpreten, no se trata de
demeritar el logro de los mexicanos que sí consiguieron medalla, sino de
responder una simple pregunta: si existen tantos atletas con potencial en el
país, ¿por qué muy pocos de ellos logran sobresalir? Esta pregunta se hizo muy
recurrente en esta edición de las Juegos y fue una razón para que varios
atletas mexicanos mostraran su descontento hacia las autoridades deportivas
como la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE).
La CONADE y su titular, Alfredo Castillo, han
recibido muchas críticas por los pobres resultados obtenidos en las olimpiadas
de este año; se les acusa de negarles apoyo económico a los deportistas y de cortarles
por completo el presupuesto a las
federaciones mexicanas de box, tiro con arco, atletismo y remo, así como de
despilfarrar el dinero en asuntos menos trascendentes (en publicidad, por
ejemplo). Las federaciones que se vieron afectadas por tales recortes tuvieron la
necesidad de recurrir a alternativas para conseguir recursos; como ejemplo está
la federación mexicana de boxeo, cuyos integrantes salieron a las calles a
“botear” para autofinanciarse. Uno de esos integrantes era Misael Rodríguez
(medalla de bronce en estos Juegos), a quien la CONADE felicitó
públicamente cuando obtuvo su galardón, tratando de hacer creer que su triunfo
es en parte debido al “apoyo” que la Comisión le brindó a Misael. Así como el
caso de Misael existen otros similares y por mencionar alguno está el de Lupita
González, medallista también en Rio 2016, que denunció la falta de
apoyo, y cuyo entrenador afirma que la Comisión les negó la ayuda cuando ellos la
pidieron algunos meses atrás.
Es evidente que México
no cumplió las expectativas y parte de la responsabilidad se le puede adjudicar
a la CONADE por no actuar como debería. Sin embargo, aunque es cierto que las
autoridades deportivas han caído en escándalos de mal manejo de recursos y ello ha llevado a que los atletas no reciban los incentivos que necesitan, el culpar
al gobierno y a estas autoridades no nos lleva a nada. Y ¿por qué no? Como
todos sabemos, los gobiernos y los entes que dependen directamente de ellos, no
solo en México, sino en varias partes del mundo, son ineficientes a la hora de
administrarse ya sea por cuestiones de corrupción o simplemente por una mala organización
en el reparto de apoyos.
Lo que deja la
participación de México en estos Juegos Olímpicos, y en algunas anteriores , es un
cuestionamiento que parte de si la forma actual de regular el deporte a través
de apoyos directos por parte del gobierno es la adecuada o la más eficiente. Hasta ahora los resultados han sido muy pobres considerando que existen
muchos atletas con el potencial de sobresalir. Existen muchas áreas de
oportunidad en la organización y la logística de los asuntos deportivos en
México, y es necesario analizar si valdría la pena modificarlas o replantear
completamente las formas, buscando alternativas en las que el gobierno no esté
encargado directamente de la financiación del deporte. En otros países (Estados
Unidos, por ejemplo) es normal que se dé la situación antes mencionada, ahí los
deportistas así como la infraestructura para los mismos se ven financiados a través
de patrocinadores, de escuelas públicas y otras organizaciones. Este esquema resulta
ser eficaz no solo en el ámbito económico sino también en el desempeño de los atletas
en muchas competencias deportivas.
Si como
ciudadanos llegamos a comprender que el gobierno no es la raíz de todos
nuestros males, en este caso, del fracaso en Río, y nos damos cuenta de que
existen alternativas para alcanzar un mismo fin (sobresalir en las
competencias) entonces ya habremos dado un paso más en la búsqueda, no solo de
mejores resultados en las competencias sino también de mejores ciudadanos (y,
por ende, mejores atletas). Tokio 2020 está cerca pero aún tenemos tiempo…

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