Por Joseluis Gtz. Longoria
México, en toda la historia de los Juegos
Olímpicos modernos (que comenzaron en 1896 en la ciudad de Atenas), ha logrado
sumar solamente trece oros. Cuba, un país latinoamericano con menor población a
la mexicana, ha alcanzado 77 medallas doradas. Jamaica a su vez ha conseguido
23 preseas del mismo tipo. Y ahora sigue
la comparación dolorosa pero inevitable: nuestro vecino del norte, Estados
Unidos, ha alcanzado la asombrosa cifra de 1,072 medallas de oro a lo largo de
sus amplias participaciones. Michael Phelps, por sí mismo, tiene más medallas
de oro que nuestro país: 23.
Cualquiera podría poner de excusa que Estados
Unidos ha participado en mayor cantidad de ocasiones que México, sin embargo,
no es un factor clave: Los americanos han estado en 26 eventos olímpicos y
nuestra delegación en 23. A su vez, para poner más tensas las cosas, Jamaica ha
estado en solamente 17 juegos y Cuba en 20. Entonces no, por allí no se explica
el bajo rendimiento Olímpico mexicano.
¿Qué es lo que impide el éxito en los atletas
mexicanos? Esta es una pregunta cuya
respuesta puede llevar a desarrollar trabajos de investigación extensos y
profundos. Pero las respuestas largas están restringidas en la presente
columna, por lo mismo trataré de simplificar un poco el análisis.
La solución al problema es sencilla: una
depuración entre los dirigentes de la CONADE es necesaria, pero ese es solo el
primer paso. Un segundo paso es el desarrollo de un plan de acción a largo plazo.
¿Cuál es el motivo de esto? Existen delegaciones de países muy pequeños, que
solo llevan a un atleta y logran ganar medallas de oro. Está el caso de Kosovo
(busquen en el mapa junto a Serbia, en los Balcanes) quien solamente llevó a 8
atletas y consiguieron una presea dorada. Para ponerlo en comparación, México
envió 126 atletas y consiguió 0 medallas de oro. Por supuesto, en el ranking
olímpico Kosovo se encuentra encima de nuestra nación. Es por ello que no
debemos concentrarnos en enviar a una gran cantidad de participantes, esto solo
provoca un gasto de dinero enorme, sino en preparar a los mejores atletas en
ciertas disciplinas y obtener mejores resultados.
La visión de largo plazo debe estar orientada
en decidir a qué disciplinas se les dará mayor atención, preparar una
infraestructura adecuada, y dar la capacitación necesaria a los entrenadores
para tener una cosecha de deportistas de nivel olímpico. Los resultados de estas
acciones serán exponenciales; es más fácil comenzar algo cuando se tiene una
base a cuando no existen ni siquiera los cimientos. De darle continuación a
este proceso, a corto plazo las delegaciones mexicanas serán pequeñas, pero
obtendrán preseas de oro. A largo plazo, el número de participantes aumentará y
entonces México podrá tener una delegación olímpica digna de su gran tamaño, y
representativa de un país de 120 millones de personas.
Existen factores que falta mencionar, como el
asunto de la cultura deportiva en el país, pero por lo pronto debemos
concentrarnos en el incendio que se cierne sobre la CONADE y proponer
soluciones innovadoras a la vez que factibles a las participaciones olímpicas
de México.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario