Por Joseluis Gtz. Longoria
Una audiencia, según los abogados, puede
convertirse fácilmente en un desagradable maratón, lleno de protocolos y reglas
que terminan por acabar la paciencia de más de una persona. El efecto
estresante se duplica si estás acostumbrado a ignorar la ley y mandar sobre
ella. Quizás por eso, cuando el Juez de
Control, Miguel Ángel Eufracio Rodríguez, reinició el pasado 26 de enero la audiencia
ordenando prisión preventiva al ex Gobernador de Nuevo León, el acusado se
mantuvo incrédulo a lo que sus oídos escuchaban. Probablemente su mirada debió
de haber interceptado a la de su abogado esperando algún recurso legal de su
parte, alguna laguna que volviera a dejarlo libre de nuevo. Pero todo intento
fue rechazado legalmente por el juez. Al parecer esta ocasión no se saldría con
la suya.
En efecto, según
fuentes de confianza, Medina no daba crédito a lo que escuchaba e hizo su
último intento para clarificar los eventos en su mente. El Exmandatario interceptó
al juez al desalojar la sala para preguntarle, con cierta esperanza de escuchar
lo contrario, con un rostro de asombro: “¿Yo,
al Topo Chico?”.
En verdad que su pregunta
resulta curiosa, digna de analizar. Sus palabras pueden ser interpretadas de
muchas maneras. ¿Estaba realmente Medina incrédulo? ¿realmente no podía creer
las consecuencias de sus actos, si es que ocurrieron? Debido a que se desconoce el tono con el que
expresó su duda, una posibilidad abarca la idea del tono amenazante. Entonces
el significado oculto de sus palabras bien podría ser el siguiente: “Yo
(en verdad yo, un exgobernador del estado de Nuevo León, un hombre con
contactos directos en Los Pinos, línea directa con Peña Nieto), al
Topo Chico (¿a prisión? ¿En
verdad te atreves, no conoces las consecuencias?”).
Está opción no es del
todo lejana, en efecto, el ex mandatario de Nuevo León tiene entre sus
pasatiempos jugar Golf con Enrique Peña Nieto y un séquito de funcionarios de
primer nivel en la Ciudad de México. ¿Cómo es que Medina lleva una relación así
con el Presidente de México? Según fuentes de Grupo Reforma, es debido al
titular de la SEDESOL, Luis Enrique Miranda. Puesto que (mencionan) mediante
este funcionario, Nuevo León hacía llegar los recursos para la campaña del
2012. La veracidad de estos datos es cuestionable y lo dejo a la opinión del
lector simplemente recordándole que la corrupción en este país ha llegado a
provocar cosas peores dejando lo anterior como juego de niños.
La segunda
interpretación de las palabras de Rodrigo Medina bien podría ser de burla, de
superioridad: “¿En verdad crees que pasaré más de un día en un lugar como ese?,
¿Un exgobernador en el penal del Topo Chico?”. Dicho pensamiento tiene sentido,
después de todo, hoy sabemos que el acusado de enriquecimiento ilícito
solamente pisó el penal durante 19 horas para después salir libre por la puerta
grande, con esperanzas de demandar a los implicados por retener su libertad,
por manchar su honor sin mayores pruebas.
Sin embargo, al hacer
conjeturas se debe abarcar todo el espectro de posibilidades si se trata de ser
justos con el personaje implicado. Después de todo, Medina aún no es declarado
culpable de nada. Pensemos de manera positiva por un instante: quizás la
connotación de su pregunta es de inocencia. Medina bien puede estar 100%
convencido en su mente de su falta de culpa, de su historial sin mancha. No
sería la primera vez que un acusado está completamente y sin lugar a dudas
seguro de su falta de criminalidad, dicho pensamiento trae como consecuencia
reacciones como su pregunta un tanto infantil, casi al estilo de los niños a
quienes la maestra manda llamar para corregirles su conducta: “¿Yo, profe?”
Sin embargo, por
mejores pensamientos que tengamos, existen evidencias de un desfalco superior a
los 14 mil millones de pesos de las cuentas públicas del estado solamente para
el año 2012, año curiosamente electoral. Así como un enriquecimiento ilícito de
su familia por un monto de 600 millones de pesos muchos de ellos en inmuebles.
Se puede ser positivo, así como se puede tapar el sol con un dedo.
Una última interpretación abarca el miedo. Es la versión en
la que Medina en verdad está próximo a ver por primera vez las consecuencias
negativas de sus actos. Está contemplando la posibilidad real de entrar como
acusado a un penal, de ser el blanco de los dedos acusadores de toda una
metrópoli y perder su estatus de poder. Si existía algún porcentaje de
población que lo declaraba inocente, con su foto circulando vestido de reo, esa
posibilidad se acabaría. ¿qué pensarán en Los Pinos al respecto? ¿Le brindará
ayuda su “compadre” Peña Nieto?, ¿sus posibilidades para un puesto federal
habrán terminado? Una vez que él entre, (pensaría) el siguiente es su padre,
quien también enfrenta proceso ante la justicia.
Existen un sinfín de opciones para escoger, ¿con cuál
quedarse? En mi punto de vista, las reacciones del gobernador no son las
protagonistas del análisis presente, es el detonante de cada una de ellas lo
que importa. Si usted vuelve a reflexionar los escenarios anteriores podrá darse
cuenta que detrás de los supuestos mencionados, existe un hecho real de
corrupción que sustenta los malos pasos de Rodrigo Medina. No es posible
concluir un veredicto por mano propia, pero el estado de Nuevo León merece
conocer la verdad mediante un juicio justo, no político.
Sic Semper Tyrannis.

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