viernes, 16 de septiembre de 2016

¡Sólo un pedazo de tela!

Mirador del Obispado Asta Bandera
Monterrey, Nuevo León

Por: Jorge A. Gutierrez

Hace unos ayeres en la preparatoria, escuchaba algunos comentarios que menospreciaban y ninguneaban la bandera de México. Estas personas se indignaban y se mostraban escépticos de rendir honores a una bandera, la cual “sólo es un pedazo de tela”. ¡Claro! ¿Cómo no va a sonar absurdo recitar un juramento a un pedazo de tela? Es decir, podría ser mi playera; si la cuelgo en el tendedero y recito los momentos que hemos pasado juntos seguramente no me bajan de raro… Esta reducción al absurdo me parece tonta e ingenua, y más viniendo de personas que saben lo que es un símbolo, porque estas personas leen filosofía, leen literatura.

¿Sólo un pedazo de tela? Me parece angostísimo el pensamiento de quienes piensan que la ceremonia de “los honores a la bandera” está motivada sólo por un pedazo de tela, comparable a los metros  de ella que podemos comprar en “Parisina”. La crítica de estas personas parecía ir por cuestionar aquello que nos enseñaron desde niños y lo hacemos mecánicamente (cómo no olvidar quienes bostezaban durante la ceremonia en la primaria, quienes nunca pudieron estar en posición de firmes, etcétera). ¡Bastante válido! Me parece un ejercicio bastante maduro cuestionarlo, y valiente, pero estoy en desacuerdo con la conclusión, es muy pobre, porque se quedan sólo en el cuestionamiento. Tan cómodos como Sócrates en los Diálogos de Platón.

Si no es sólo un pedazo de tela, ¿entonces qué es? Es un símbolo, la bandera de México es un símbolo de la patria que compartimos, ella contiene una parte de la memoria nacional del país (dixit Alejandro Rosas). Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero entraron triunfantes portando la bandera del Ejército Trigarante (ya con los colores verde, blanco y rojo). Esta bandera vio la caída de la Ciudad de México a manos de los estadounidenses, cuando fue despojada de su asta para ser suplantada por una de colores azul, blanco y rojo. Pero también vio la república triunfar contra el segundo imperio y presencio la moderación política desde Juárez hasta Porfirio Díaz. Luego vinieron tiempos difíciles con la revolución mexicana, y que para consumar la unión política al final de esta, el partido oficial tomó prestados sus colores. Desde entonces no ha sufrido cambios y ha estado con nosotros. ¿Representa entonces la bandera los momentos políticos de mayor relevancia? No, es una parte de lo que contiene este símbolo, pero la bandera contiene algo más importante, la patria: su pueblo y su tierra. Guillermo Prieto lo describe muy bien:

“La patria es sentirnos dueños de nuestro cielo y nuestros campos, de nuestras montañas y nuestros lagos, es nuestra asimilación con el aire y con los luceros, ya nuestros; es que la tierra nos duele como carne y que el sol nos alumbra como si trajera en sus rayos nuestros nombres y el de nuestros padres; decir patria es decir amor y sentir el beso de nuestros hijos..., Y esa madre sufre y nos llama para que la libertemos de la infamia y de los ultrajes de extranjeros y traidores”

Mural Independencia
David Urbano Merino

La bandera de México es un símbolo que sirve para recordar nuestra patria, la que algunos buscamos compartir, amar, vivir y honrar. Pensar que la bandera es sólo un producto textil adornado con un águila, es despreciar la tierra en que hemos nacido. ¡Despreciar es darle importancia! No, es sentirse ajeno de nuestros cielos y campos. Es ser un “pecho frío” ante las alegrías y problemas que compartimos. Pensar que sólo es un pedazo de tela, es sentirse extranjero, sentirse ajeno, indigno de ser mexicano. Me parece prepotente y absurdo el individualismo que niegue la comunidad en la que vive, las tradiciones y cultura que comparten. ¡La historia! Tanta sangre derramada (¡las motivaciones personales no hacen la lucha menos digna!), para tener patria y ¡sentirse extranjero! Una pena, de verdad.

Ante el presente de México, veo motivos, más que nunca, para vivir las palabras de Guillermo Prieto. Quien se siente dueño de su tierra, la defiende. Quien asimila su naturaleza, la conoce. Para buscar libertad y justicia, hay que saber amar. La patria no se tiene, se es uno con la patria. Esto no niega la individualidad, es reconocer la comunidad. Tal vez si la comunidad se reivindica, uno no lo hace; pero si yo me reivindico, la comunidad y la patria sí. Será extranjero quién solo vea algodón, y será mexicano quién se reconozca en la bandera.


¡Viva México!

Los textos aquí publicados son responsabilidad del autor y no representan necesariamente la postura de Contrapunto.

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