Por Denisse Mendoza
México encabeza la lista de los países de la
OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) con mayor
número de embarazos adolescentes (mujeres entre 15 y 19 años de edad), cada año
nacen 400,000 bebés de madres menores de edad, lo cual representa el 20% de los
nacimientos totales. A nivel nacional, 64 de cada 1000 embarazos son
adolescentes y 55% del total nacional de embarazos corresponden a embarazos no
planeados. Específicamente para Nuevo León, los datos son aún más preocupantes, 71 embarazos de cada 1000 son en adolescentes. Las estadísticas
hablan por sí solas y no es prematuro decir que, en general, México está
viviendo un “boom” de embarazos y lo preocupante es que gran parte de estos son
de mujeres menores de edad.
Los problemas que vienen con el embarazo en
la adolescencia son varios, pero uno muy importante es el abandono del estudio
por parte de las mujeres, esto se da sobre todo en sectores marginales de la
población donde las niñas tienen que dejar la escuela para encontrar algún
trabajo y sostener a su familia. Tan grave es el problema que el embarazo es la
cuarta causa de deserción entre los 15 y 19 años y los efectos de tal deserción
son realmente graves a corto y largo plazo. En el corto plazo, se ven reflejados
a la hora en la que las adolescentes buscan un empleo y por la falta de
estudios no encuentran uno que sea bien remunerado así que se tienen que
conformar con salarios bajos y en el largo plazo esto disminuye la probabilidad
de que tanto ella como sus hijos alcancen un buen nivel de vida.
Si se quiere erradicar el problema es
necesario conocer las causas, y una de las
principales es la falta de información de calidad originada por la casi nula educación
sexual que se le imparte a los niños en las escuelas de México además del silencio
de muchos de los padres en estos temas. Hace no tantos años, la educación
sexual no era impartida en las escuelas y la “estrategia” de prevención
consistía en mirar hacia otra parte, hacer como si no pasara nada y abandonar a
los niños a su suerte. Es evidente que los resultados de esa política no fueron
buenos y a pesar de que en la actualidad los libros de texto ya incluyen
información sobre temas de reproducción, esta es muy limitada y podría decirse
que insuficiente ya que los embarazos siguen aumentando. La falta de difusión
sobre métodos anticonceptivos, así como la dificultad de conseguirlos se ha
convertido en un problema grave porque esta misma falta de información ha
terminado por incentivar a los niños y adolescentes a tratar de informarse por
su parte en fuentes alternas, arriesgándose a encontrar información poco
verídica y seguir reproduciendo la ignorancia.
Si sabemos que existen deficiencias en la
educación sexual que reciben los niños y jóvenes, ¿por qué no hemos hecho nada
para modificarla? La respuesta la encontramos fácilmente: las barreras a las
que se enfrenta la implementación de una educación sexual de calidad son, en su
mayoría, políticas. Se establecen acuerdos
entre partidos políticos y ciertas asociaciones ultra conservadoras que inhiben
las iniciativas de mejorar la educación sexual y ocasionan que estas se queden
solo en el papel.
Un ejemplo local de lo antes mencionado es la
actual controversia que se está viviendo en Nuevo León respecto a la inclusión
de ciertos temas de educación sexual en los nuevos libros de texto gratuitos.
La reacción de muchos padres de familia neoloneses, en específico, de la Unión Neolonesa de Padres de Familia
(UNPF), ante la llegada de los libros no fue buena. A estos padres se
les han unido ciertos diputados
del PAN y han llegado a formar una coalición para exigir que el contenido
“inapropiado” de los libros sea retirado. Sus peticiones, afortunadamente, no
han sido cumplidas, pero no tienen planes próximos de rendirse y han difundido
una “solución” a su problema: arrancar las páginas con dicho contenido de los
libros e incluso contemplan otras más extremas, como la presentada por la
diputada Yanira Gómez, quien invita a los padres de familia a quemar los
libros o tomar las escuelas si hacen caso omiso de sus exigencias. Sí,
la lógica de estos padres de familia es que privar a los niños de educación
sexual va a librarlos de convertirse en padres siendo menores de edad. “Se está pidiendo que se arranquen las páginas
con contenido del cuerpo humano, sexualidad y métodos anticonceptivos. A los
niños no se les puede hablar de la sexualidad en ningún punto”, afirma la
presidenta de la UNPF, Luz María. Si
no se les habla de sexualidad en la pubertad, entonces ¿cuándo es el momento
oportuno? ¿a los 30 años?
Es mortificante que en pleno 2016 algunos
mexicanos apoyen ideas que van en contra de una cultura de prevención y el
problema no es solo que las apoyen, sino que quieran imponer esos tabúes sobre
las mentes de miles de niños que están en todo su derecho de recibir información
de calidad. Quitarles ese derecho no solo es privarlos de la posibilidad de
convertirse en adultos responsables, sanos y que ejerzan libremente su
sexualidad sino también de condenarnos como sociedad a siempre estar viviendo
bajo un estigma de ignorancia en asuntos reproductivos.

Excelente y muy interesante nota! Gracias!
ResponderBorrarUna corrección , de cada 1000 mujeres adolescentes 67 están embarazadas, no de cada 1000 embarazos 67 son de adolescentes (fuente INEGI)