Por Joseluis Gtz. Longoria
Si aún no sabe, estimado lector, quién es
José Antonio Meade Kuribreña todavía está a tiempo de informarse sobre el
próximo personaje principal de la política y economía mexicana de los
siguientes -quizás- siete años en México.
Hace dos semanas el Partido Revolucionario
Institucional se reunió en “cónclave” para realizar su XXII Asamblea Nacional
en donde altos funcionarios del partido y un gran grupo de delegados
provenientes de toda la república aprobaron la modificación de una de las reglas
más exigentes del partido: aquella en la que se exige tener, como mínimo, diez
años de militancia partidista para poder ser elegido como candidato a la
presidencia de México, un requisito que, naturalmente, José Antonio Meade no
cumplía, pues nunca ha pertenecido -jamás- a las filas del PRI en toda su
existencia.
La razón de dicho cambio proviene
directamente de Los Pinos. Cada día está más cerca la elección presidencial de
2018 y el gobierno del presidente Peña Nieto ha comenzado la búsqueda
exhaustiva de un candidato para su partido, el PRI, que pueda hacerle frente a
Acción Nacional y a López Obrador. Éste último personaje encabeza absolutamente
todas las encuestas de opinión de cara a las próximas elecciones.
Como es usual, la forma en la que el PRI elige candidato es mediante la “candidatura de unidad” o “dedazo”: el presidente de la república elige a su sucesor y lo impone al partido, pero, antes de imponerlo, viene lo interesante; Para elegir un candidato el presidente debe primero estudiar a los posibles prospectos para el puesto. Dado que se desconoce la identidad del candidato de unidad, a la figura presidencial priísta se le denomina históricamente como “El Tapado”, cuyo rostro y nombre son revelados por el ejecutivo en turno una vez que todo está listo para comenzar la lucha de poder.
¿Quién es El Tapado de 2018? Usualmente es
un miembro del gabinete del presidente en turno, un hombre cercano al
mandatario. Según todas las fuentes, entre las opciones del presidente se
encuentran M.A. Osorio Chong (SEGOB), Luis Videgaray (SRE), Aurelio Nuño (SEP),
José Narro (SALUD) y José Antonio Meade (SHCP). Todos los anteriores personajes
son miembros activos del PRI, menos Meade. Todos los anteriores tienen más de
diez años de militancia en el PRI, menos Meade y Nuño.
¿Por qué ordenó el PRI modificar su
convocatoria y permitir a alguien NO priísta ser candidato del mismo? La
respuesta resulta más que obvia: el presidente Peña tiene en mente a Meade y
Nuño como serios prospectos para la presidencia de 2018. El rostro de El Tapado
cada vez es más visible.
Los demás candidatos no parecen probables
opciones para Los Pinos: Videgaray se encuentra actualmente arriesgando su
futuro político en la negociación del TLCAN con USA, aunque, si todo sale bien,
sería recibido como todo un “tlatoani” en tierras mexicanas. Chong es el más
popular, pero no por ello el de más agrado del presidente, su figura no termina
de convencer a Peña. Narro es la opción sensata, y no se descarta una sorpresa
al escuchar su nombre como candidato, pero la evidencia anterior no nos muestra
movimientos a su favor. Meade y Nuño toman la delantera.
De entre los candidatos restantes,
centraré mi enfoque en quién, a mi punto de vista, parece ser la identidad más
probable de El Tapado: Meade Kuribreña.
El Secretario estudió Economía en el ITAM,
Derecho en la UNAM, realizó su doctorado en Economía en la Universidad de Yale
en 1997 y se convirtió en catedrático al impartir los cursos de Microeconomía y
Macroeconomía en Yale y el ITAM. También ha dado cursos de “Análisis Económico
de la Ley” en el programa de Maestría en Política Pública del ITAM. Ha recibido
reconocimiento por su investigación sobre el “Análisis Económico de la Ley”
mediante el Premio Nacional Tlacaelel.
Sus principales puestos dentro de su
carrera laboral fueron conseguidos bajo los gobiernos emanados del PAN: En el
2000 fue elegido como Director General de Banca y Ahorro en la SHCP. En 2006
fue elegido como Jefe de Coordinación de la Oficina del Secretario; era el
mediador entre el entonces Secretario de Hacienda Carsterns y la cámara de
diputados. En 2008 fue nombrado Sub-secretario de ingresos dentro de la SHCP
puesto del que escalaría hasta la Sub-Secretaria de Hacienda en 2010,
Secretario de Energía y, posteriormente, de Hacienda en 2011 ocupando ambos
puestos en distintas fechas del mismo año. Su buen trabajo le permitió
continuar en el gobierno del presidente Peña a pesar de pertenecer a un partido
diferente (PRI). En 2012 fue nombrado Canciller de México hasta su regreso a su
actual puesto: Secretario de Hacienda y Crédito Público.
Como es posible constatar, Meade no es un
niño en la política y la economía. Ha demostrado saber maniobrar bajo distintas
fuerzas partidistas (PAN y PRI). Algunos calificarían al Secretario como el
perfecto “tecnócrata”. Es por ello que lo considero como la opción más probable
del presidente Peña: contiene el perfil económico que continua con las reformas
de los últimos sexenios en el país además de que es del agrado de perfiles
sociales como la derecha panista la cuál apoyaría secretamente a Meade para
derrotar a AMLO.
A pesar de todo lo anterior, no sabemos
con seguridad quién será el candidato del PRI en 2018, pero José Antonio Meade
parece que tiene todo a su favor para convertirse en el primer candidato
“ciudadano” emanado del partido de la revolución. Es eso o el presidente
solamente está “blofeando”.
